Hace ya un tiempo escuché esto en un podcast, me hizo reflexionar un rato pero se me quitó con Coca Cola y unos tacos de carnitas.
No me gusta la verdura, panejirico antojitero, ni el agua simple ni la fibra ni los lactobacilos, ni la comida light, es horrible, es insípida, aunque reconozco que se necesita valor para tragársela, me lavo los dientes con refresco de cola, fortalezco mi estómago con taco de tripa y salsa de árbol y guacamole, alimento mis musculos con tortas callejeras de milanesa, de canguro mutante, y el cerebro con la glucosa de los Snickers, me mantengo en forma con Gansitos y vivo un ensueño permanente bebiendo caguama Victoria y Corona; soy feliz, soy muy feliz, no me importa que la piel se manche y los dientes se hagan astillas, el pelo se caiga y los intestinos se devoren entre ellos, despues de todo que tristeza ser un berro vegetariano, que sería de mi sin poder llevarme a la boca y el corazon el terror de la vaca muerta a palos, sin la sangre y el dolor del cerdo acuchillado o el delirio de la gallina enloquecida con hormonas, que haríamos sin tragarnos ese sufrimiento, sin cadáveres reptando por nuestros intestinos, sin la putrecion escurriendose por los ojos.
No tiene caso negar nuestros genes de simios carnívoros, vida sana en cuerpo sano, ¿para qué?, somos hijos de la civilización, nuestros el glutamato de sodio, el ester de propil glincol y el sorbitol, somos hijos de la tierra y como tales hemos de vivir, atiborrados de químicos, sin vergüenza y sin esperanza, comamos sin miedo ese taco de carnitas, esa rebanada de pizza, esa lata de refresco frío, Dios otorgará la gracia de una corta agonía a sus hijos chatarra.
Texto robado de este bló, luego me quieren cobrar derechos de autor.